martes, 21 de febrero de 2017

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XIX): Alice y Martin Provensen


A pesar de que las lluvias han reaparecido durante el pasado fin de semana por el sureste peninsular, el termómetro se atempera y se empieza a vislumbrar un cambio estacional. El frío da paso al último sol de febrero y los almendros se cuajan de flores cuando, de golpe y porrazo, se me viene a la memoria uno de esos libros que llenaban mi infancia de color. Voy a la estantería y empiezo a recorrer con el dedo los que componen mi biblioteca personal. Doy con él. Lo saco con cuidado y me lo llevo al sofá...
Un año en la granja. Alice y Martin Provensen. Plaza & Janés, colección Clipper. 1981 (¡Total na'...!). Editado en rústica, este álbum ha aguantado con mucho esfuerzo el paso de los años. Alguna que otra hoja suelta y un par de dobles páginas rasgadas y posteriormente reparadas (mi hermana siempre ha sido un desastre con los libros), no son impedimento para que brille entre muchos otros. Empezando por las tapas (peritextuales y sintéticas donde las haya), la cosa huele a delicia. Un álbum donde una granja (esa en la que vivieron los autores durante un buen puñado de años) y sus habitantes son los indiscutibles protagonistas.



Este libro lleno de detalles, unas veces más que evidentes, otras, menos, se pasea a caballo entre el álbum informativo y la multiplicidad de historias y breves narraciones que atesoran sus páginas. Ayudándose de las escenas de tipo paisaje a doble página sobre las que recae la acción temporal, y de otras estructuradas en viñetas (en algunos casos no necesariamente secuenciales ya que intentan parcelar el espacio), este libro consigue dar una visión circular sobre lo que acontece en cada estación, con una visión conjunta que se resume en el concepto anual. También hay escenas dobles en las que se hace uso de las comparaciones visuales que dan paso al humor y otras explicativas en las que se suceden las tareas de la granja (véase como ejemplo el cuidado de los caballos). El texto, aunque explicativo, es poético y dulce... Sí, les leo el pensamiento: una pasada.



Junto a Un búho y tres gatitos y Un caballo y un perro. Una cabra y un ganso, es uno de los tres álbumes ilustrados de este matrimonio norteamericano que fueron publicados en castellano hace más de treinta años (Editores de este país, ¡auxilio!), algo que llama mucho la atención si tenemos en cuenta que los Provensen son unos de los autores de libros-álbum más aclamados dentro del mundo de LIJ anglosajón.


Alice (1917... Sí, sigue vivita y coleando. En breve cumplirá la friolera de cien años) y Martin (1916-1987) Provensen ilustraron más de cuarenta títulos, de los cuales también escribieron (e incluso editaron) casi una veintena. Aunque se conocieron en 1943, llama la atención que tuvieron vidas más o menos paralelas, tánto, que en cierta ocasión Alice llegó a afirmar que juntos funcionaban como uno solo, llegando a trabajar sobre la misma ilustración a cuatro manos.


Ambos nacen en Chicago y se mudan a los doce años de edad a California donde sobrevivirán a la Gran Depresión. Los dos reciben una beca para asistir a la Escuela de Arte de California para posteriormente cursar sus estudios en la Universidad de California (en campus separados, no puede ser tanta la coincidencia). Al terminar sus estudios y teniendo en cuenta que el cine y las series de animación empezaban a crecer en un mundo donde la imagen ganaba terreno, ambos son contratados por estudios de animación. Mientras que Alice trabaja para el de Walter Lantz, el creador del Pájaro Loco (Nota: Esta no es una época en la que las mujeres formen parte de estos equipos creativos, pero como muchos hombres van al frente es necesaria mano de obra cualificada, algo que Alice sabe aprovechar), Martin hace lo propio para los estudios Walt Disney colaborando en los metrajes Dumbo, Fantasía y Pinocho.


Tras conocerse, trabajan en proyectos relacionados con las campañas bélicas en las que, durante aquella época, los Estados Unidos se habían visto envueltos (vídeos y paneles formativos). Se casan en 1944 y se establecen en Washington DC para, una vez que termina la guerra, trasladarse finalmente a Nueva York, donde realizan su primer trabajo dentro del mundo de la ilustración de libros infantiles, el Fireside Book of Folk Songs. Después del éxito cosechado pasan a formar parte de la plantilla de Golden Books realizando ilustraciones para The color kittens (1949), The little fat policeman (1950), dos libros de Margaret Wise Brown, o The duzzy duckling (1949) de Jane Werner Watson.


Tras el trato que reciben de Golden Books (no respeta sus derechos como autores ni los pagos estipulados), el matrimonio decide trabajar como autónomos y se centran en ilustrar obras de dominio público como los textos bíblicos (The Golden Bible: The New Testament, 1953), clásicos (The Iliad and the Odyssey, 1956), o los versos de Robert Louis Stevenson (A child's garden of verses, 1964) cuyos derechos venderán a esta misma casa editorial o a otras como Simon & Schuster.





Como nota curiosa cabe destacar que, durante ese tiempo, Martin también se interna en el mundo publicitario participando en el diseño de una de las mascotas de la marca de cereales Kellogg's, Tony el tigre, que aparece por primera vez en 1952.


Así es como su apellido alcanza notoriedad dentro del panorama de la Literatura Infantil y aparecen sus, para mi gusto, mejores libros (N.B.: Y que deberían editarse de una vez por todas en castellano para el disfrute de todos los monstruos). Títulos como The Provensen Animal Book (1952), la versión de Louis Untermeyer de las Aesop's Fables (1965), un trabajo exquisito y vibrante cuyo estilo se aleja de sus otros libros y que bebe de cierto impresionismo colorista, What is a color? (1967), los Tales from the Ballet (1968) también seleccionados por Untermeyer, o The Provensen Book of Fairy Tales (1971), un libro delicioso y medido al detalle donde ilustraciones y texto se unen en un vaivén casi perfecto, ven la luz durante ese tiempo.








Alice y Martin se trasladan al lugar que les sirvió como inspiración en sus libros más aclamados por el público infantil, Maple Hill Farm, una granja en el condado de Dutchess cerca del río Hudson. Una vez allí los Provensen deciden crear sus propias historias, esas que nacen de los animales domésticos, las faenas agrícolas diarias, y el trajín y bullicio del campo. Todo esto queda recogido en libros como el que ha servido de excusa para esta entrada, los otros dos editados en castellano, y títulos como My little hen (1973) o su encantador Our animal friends at Mapple Hill Farm (1974) que fue incluido en la lista de los mejores libros para niños de The New York Times de ese año (algo que consiguieron en nueve ocasiones con otros títulos).




Dos de los mayores reconocimientos a la labor de esta pareja llegan en la década de los ochenta. En el año 1982 sus ilustraciones para A visit to William Blake's Inn de Nancy Willard (1981) ganan la medalla Newbery (este trabajo también quedó finalista en la carrera por la Medalla Caldecott), y en 1984 consiguen finalmente la Medalla Caldecott con A glorious flight (1983), un libro que narra la historia de Louis Blèriot, el primer hombre que sobrevoló el Canal de la Mancha.




La carrera conjunta de este tandem se trunca en 1987 cuando Martin muere de un paro cardíaco. Es así como Alice, tras un par de años alejada del mundo editorial, continua su carrera en solitario como autora de numerosos libros para niños, algunos de ellos de carácter informativo entre los que podemos contar The buck stops here: the presidents of the United States (1990), Punch in New York (1991), el mejor de sus trabajos en solitario y dedicado a su nieto Sean, My fellow Americans: a family album (1995), o The master swordsman & the magic doorway: two legends from ancient China (2001), por los que recibe entre otros el Eric Carle Honors Award, un galardón que pone en evidencia su dedicación al arte de ilustrar libros durante más de sesenta años.



Hace unos años Alice tuvo que abandonar Maple Hill Farm tras aceptar que una granja rústica no era el lugar más idóneo para una mujer nonagenaria, y vive desde entonces en San Clemente junto a su hija Karen Mitchell y su familia.
Para finalizar el recorrido por la obra de estos dos grandes autores dentro del mundo del álbum y el libro infantil, dar algunas claves sobre su estilo... Aunque Alice admite que ellos nunca buscaron desarrollar un estilo propio y que siempre trabajaron en base al texto que debían ilustrar (no era lo mismo idear imágenes para la Biblia que para un libro sobre animales), sí pienso que su trabajo tiene una evolución y desarrolla unas directrices en las que la línea alegre y el dibujo fresco tienen mucho que decir. 



Cuando sus personajes y figuras se materializan sobre el papel lo hacen jugando con las formas sencillas y ligeramente angulosas, casi recortadas (¿No les recuerdan a tijeretazos?). En cuanto al volumen, me atrevería a decir que son algo planas aunque en ellas se trabaje la perspectiva. La paleta de color suele prescindir del sombreado y los degradados, y, excepto en ciertos casos donde la coloración es más transgresora (por ejemplo sus Aesop's Fables), tiene una tonalidad cálida que imprime tranquilidad a las escenas. Aunque han sabido combinar muchas técnicas (en ocasiones se pueden observar guiños al grabado, a los lápices y las ceras) destacan por el uso del gouache y la acuarela, medios clásicos dentro de la ilustración y que usan la dualidad transparencias-opacidad.

Como despedida y mientras algún editor se anima a publicar o reeditar alguna de estas obras, recordarles que pueden disfrutar de algunas de sus ilustraciones aquí, el sitio donde viven monstruos. Monstruos como los Provensen.


2 comentarios:

Carmela Trujillo dijo...

Una gran entrada. Extraordinaria la historia. Gracias.

Román Belmonte dijo...

Me alegro de que te guste, Carmela. Esta también es tu casa, la de los monstruos. ¡Un abrazo!

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