miércoles, 9 de noviembre de 2016

Cómic Infantil y Juvenil, un panorama en detalle


En mi infancia fui lector de cómics. No sé si un gran lector pero, al menos, sí aceptable, algo que se desprende de la pila de estos con los que me tropecé hace varias semanas. Me picó el gusanillo y, como soy mu' gambitero, empecé a indagar sobre el tebeo infantil y juvenil. Tiré de ese hilo que se iba haciendo cada vez más y más largo hasta llegar a tejer este jersey para que arrope y abrigue al cómic dirigido a los niños y los jóvenes. Espero que le luzca bien y que le guste a los monstruos que habitan este espacio.



¿Qué es el cómic infantil? ¿Qué lo caracteriza? Consideraciones iniciales. 

Todo empezó con la pregunta “¿Existe el cómic infantil?” Según mi visión, se podría decir que el cómic infantil y juvenil es una realidad, más que nada porque la historia de este, para algunos, noveno arte, está estrechamente ligada con dicho tipo de público y se desarrolla en paralelo a la del cómic para adultos, algo que no ocurre con la literatura adulta y la infantil. 
No obstante hay que hacer dos subgrupos en lo que a cómic infantil y juvenil se refiere. Por un lado tenemos el cómic infantil y juvenil propiamente dicho, con sus propias reglas y construido en base a unos planos definidos (por ejemplo Los Pitufos). Y por otro tenemos los cómics ideados en principio para adultos pero de los que, por diversos motivos -diferentes niveles discursivos, el estilo caricaturesco y el humor que desprenden-, se han adueñado los niños y jóvenes aunque puedan contener elementos poco accesibles a ellos (por ejemplo Mafalda).
Si bien es cierto que el segundo grupo de cómic nace desde una perspectiva adulta, me gustaría explicar que lo hace desde el fenómeno “crossover” (N.B.: En el caso del cómic, tanto la línea “a-cartoon-ada”, como la inclusión de personajes infantiles, dotan de ironía y humor al discurso antagónico que permite que, a través de la inocencia y sinceridad no filtrada, se pronuncien palabras o realicen actos críticos para con el mundo adulto, ese que vive ciego ante la evidencia y al que se dirige la infancia desde ahí). Todo ello puede confundir al lector, pero también es cierto que los lectores infantiles de cómic han logrado desprenderse de ese lastre adulto, liberarse de los prejuicios y forjar un discurso honesto en base a su experiencia, una que conoce bien el doble sentido, la mofa, el ridículo y la estupidez.
Todo esto y muchas otras cosas se desprenden de una retrospectiva en la que no he dudado en incluir clásicos, nuevas tendencias, impresiones y algunas claves sobre el mundo de la viñeta nacional e internacional (sobre todo la publicada en España) dirigida a los niños. ¡Allá va!



Punto de partida. Inicios del cómic infantil

Aunque la invención de la historieta ilustrada (algo que hoy día todos conocemos como cómic) y la novela gráfica se atribuye al suizo Rodolfo Toepffer (1799-1846) seguido del trabajo de otros como Doré, Cham o Petit, la publicación de las primeras tiras de historietas con éxito entre los niños es en 1896 en Estados Unidos, más concretamente dentro del suplemento periodístico dominical New York World que lleva por título The yellow kid, un personaje creado por Richard F. Outcault que, como otros de su autoría, es un niño que satiriza la sociedad norteamericana del momento. Está contextualizada dentro de la prensa amarilla, algo que no es un impedimento para que se incluya en el ideario infantil del momento. 


Siguiendo esta estela y unos años más tarde (1904), nace en España En Patufet, un cómic catalán de corte regionalista que también utiliza la figura infantil para aproximarse al contenido crítico, pero que en este caso no puede adscribirse al género infantil, cosa que sí ocurre con las primeras tiras cómicas de la primera época de Gente Menuda (1904) o Chiquitín (1913), un semanario de corte infantil con ilustraciones de Junceda y Cornet, al que le siguen Correo de los niños (1913) o Dominguín (1915) entre otros.




Es en 1917 cuando sucede uno de los acontecimiento clave en la historia del cómic infantil de nuestro país, nace la revista TBO, la decana de los semanarios infantiles españoles, cuya presencia en los kioskos es la más dilatada en el tiempo (hasta 1988, con las pertinentes interrupciones). Su fama es tal, que en castellano se asigna el nombre de “tebeo” (antes que el de “cómic”) a todas las publicaciones infantiles cuyos temas se desarrollan en forma de historietas y que tiene su origen en el acrónimo que ésta lleva por título.


A TBO le suceden multitud de publicaciones de historietas dirigidas al público infantil, entre las que podemos destacar Periquín (1918) la primera Pulgarcito (una revista que ve la luz en 1921, pero que desarrolla su actividad en varias épocas) La alegría infantil (1922), El infantil (1924), Mundo infantil (1924) o Revista infantil (1925).


En 1928 aparece Gente Menuda en formato suplemento periodístico dirigido a los niños por parte de un diario español, concretamente ABC a través de su revista Blanco y Negro (N.B.: Desde 1904 sólo era una mera sección). Esto constituye en hito en el mundo del tebeo español puesto que, por primera vez, la cantidad de público que puede acceder a este tipo de producto se amplía y las historietas dejan de estar al alcance de unos pocos (un artículo de lujo sólo accesible para los hijos de la clases media y alta) y se hace realidad la democratización del comic entre las clases medias (que tampoco todo el mundo puede comprar un periódico). Destacar igualmente que es en esta publicación donde se forjan profesionales de la LIJ española como Elena Fortún o el maestro de la “línea clara” López Rubio con sus personajes Roenueces o el profesor Bismuto



Al margen de todas estas publicaciones periódicas hay que destacar obras como Las aventuras de Colilla y su pato Banderilla (Juan Pérez del Muro,1929) o Viajes extraordinarios del perro Top (José Cabrero Arnal, 1935).


Sobre las historietas de otras nacionalidades y en esta primera etapa, tenemos que mencionar las tiras de Little Nemo in Slumberland del genial Winsor McCay que, a pesar de ser publicadas en 1905 y erigirse como un icono del cómic infantil (esa cama voladora es sencillamente maravillosa), no son editadas en castellano hasta lustros más tarde (todavía no hay versión íntegra y cronológica en castellano siendo la más completa la de Kraken del 2014), algo que también le sucede al Popeye de Segar (1919) cuyas tiras no se publican en España hasta los años 30.




Segunda Etapa: La edad dorada del cómic infantil. Un género plural y diverso.

Desde el año 1936 al 1939 se desarrolla la Guerra Civil española algo que, como en otras parcelas humanas, culturales y económicas, tiene su repercusión dentro del mundo del cómic, que cierra aquí su primera época... En este tiempo oscuro y triste se borran excelentes ideas previas, muchos historietistas emigran y otros cesan su actividad por diversas razones, las editoriales echan el cierre y el mundo del cómic español, a pesar de resistir en alguna trinchera partidista, se marchita en pro de la supervivencia. 
La cosa cambia con la posguerra y con la posterior y dilatada dictadura franquista, una segunda época del cómic en la que hay que tener en cuenta numerosas consideraciones. En primer lugar apuntar a los avances técnicos y de impresión que favorecen una mejor rotulación, la amplia gama de color con la que se puede trabajar, la buena reproducción de las obras y el abaratamiento del producto final (sobre todo a partir del año 46). En segundo lugar hay que hablar de la aparición del grafismo realista, ese que enriquece al caricaturesco, uno que hasta el momento había dominado el género infantil y juvenil. También hay que señalar la diversificación del tebeo: un artefacto que hasta el momento se había limitado a pequeñas historias de situación, da paso al de aventuras, de superhéroes, policíaco, histórico, futurista, fantástico o romántico, una realidad que amplía los horizontes del cómic en cuanto a diferentes tipos de contenidos se refiere. Además, este hecho favorece la dicotomía “femenino-masculino” que diversifica el mercado pero estereotipa el producto, lo que ayudará a encorsetar las ideas, un hecho triste aunque muy aplaudido por la censura franquista. Por último hay que destacar la aparición del cómic-serie, uno que da continuidad a las buenas historias, dignifica (al menos salarialmente y en la medida que lo permitía una dictadura fagocitaria) la profesión del historietista y se explota mejor comercialmente. 


Todo esto propicia la aparición o consolidación de las primeras editoriales dedicadas exclusivamente al cómic de nuestro país, entre las que destacan Bruguera, Juventud y Editorial Valenciana y que darán alas a las ideas de un sinfín de autores. La afluencia de niños a los kioscos en busca de su cómic favorito es constante y las huchas se vacían en pro de la recompensa al ahorro semanal, quincenal o mensual (a mediados de los años 60 se podían vender al año 85 millones de ejemplares).


La primera serie de aventuras dirigidas al público masculino es Roberto Alcazar y Pedrín (1940-1976) que cuenta las peripecias detectivescas de estos dos personajes. Le sigue de cerca El guerrero del antifaz (Editorial Valenciana, 1943-1966), un cómic creado por Manuel Gago, una serie de aventuras protagonizada por un héroe enmascarado de la Edad Media que nace como imitación de El príncipe valiente, la primera serie de aventuras histórica (1937).



Llega el turno de Carpanta a este recorrido por la historieta. Creado en 1947 por el maestro Escobar e incluido en la revista Pulgarcito, Carpanta, que recibe su nombre de una voz añeja del castellano, narra las miserias de un pobre, hambriento y pícaro, al que, paradójicamente, le es imposible paliar el apetito. Aunque se constituye como una dura crítica a la posguerra, viéndose amenazado por la censura franquista, el humor está presente en todas sus tiras, algo que le insufla vida a los ojos de niños y adultos.


En 1956 sale a la luz el primer número de El Capitán Trueno (Víctor Mora y Ambrós, 1956-1968), un icono del cómic infantil y juvenil patrio. Siguiendo la estela del guerrero del antifaz, narra las andanzas de un héroe que, acompañado por sus inseparables Goliat y Crispín, recorre el mundo repartiendo justicia y libertad (todo ello amenizado por ese tono moralizante que se extendió en la época). La serie alcanza fama mundial y pasa a publicarse en países de Latinoamérica, así como en otros del entorno Europeo. Más tarde aparecerían otras historias parecidas, a destacar El Jabato, otra serie de aventuras ambientada en la Hispania romana e ideada también por Víctor Mora en 1958. Al ser publicada por la misma editorial, supone el primer ejemplo de autocompetencia en el cómic español, algo que se da frecuentemente en el ámbito estadounidense con el cómic de superhéroes.



De entre todos los personajes del tebeo español, no cabe duda que hay que aplaudir a Mortadelo y Filemón (1958), los antihéroes por excelencia de la historieta nacional, una de las mejores parodias que se han hecho de los cómics detectivescos de la mano de Francisco Ibañez y que merecen este punto y aparte. Aunque a algunos puedan parecerle casposas las correrías del par de agentes secretos de la T.I.A., a mi parecer suponen un antes y un después en la historia del cómic infantil de nuestro entorno, no ya por la cantidad de ejemplares vendidos de sus aventuras (al César, lo que le corresponde), sino por su sútil crítica, no solo de nuestra naturaleza, sino de la de otros (algunos han querido ver en estas historietas un sentido antiimperialista que se mofa de los estereotipos asumidos dentro de esta profesión). Unos personajes que no han necesitado emigrar para sobrevivir a los cambios que se han sucedido en la sociedad española durante los últimos cuarenta años y que nos han provisto de grandes momentos de sorna y crítica constructiva o destructiva. De igual manera caben destacar personajes suyos como El botones Sacarino, Rompetechos, la fantástica 13 Rue del Percebe o Las hermanas Hilda.




Otro de los personajes del cómic de humor nacional que más ha trascendido a los devenires del tiempo es Superlópez (Bruguera, 1979, previamente en Euredit, 1973), un Superman castizo que, al igual que Mortadelo, está caracterizado por un disparatado y desenfadado modus operandi, que en sus inicios se desentiende de la actualidad y la crítica social (el Superlópez más infantil), y que conforme avanzan los años será el vehículo para poner en tela de juicio la actualidad del mundo adulto, algo que le resta entidad dentro del cómic infantil.


A pesar de la importancia que adquieren las series en estas cuatro décadas, no podemos olvidarnos de las revistas infantiles que tanto han echo por las tiras cómicas y otro tipo de historias. De entre todas las dirigidas al público femenino podemos destacar la revista Mis Chicas donde aparecen series como Anita Diminuta (Jesús Blasco y hermanos, 1941), la revista Florita (1949-1957) donde aparecen historietas como Florita, Belinda, Jane, LalitaMary Paz, o la revista Lily (1970-1985) con tiras como Lily, La terrible Fifí, Caty, la chica gato o Cristina y sus amigas.



Entre las de carácter general no hay que olvidar revistas como Hipo, Monito y Fifí (1953) Yumbo (1953) o la conocidísima Pumby, otra publicación semanal que estuvo más de treinta años en los kioskos (1955-1984) -que yo mismo pude disfrutar entre mis manos-, o suplementos como La hora del recreo, publicado entre 1953 y 1963 por el Diario de Levante.


Es curioso que, durante una época dominada por la represión y la dictadura, se forjara la época dorada del cómic español, un periodo donde multitud de personajes, que han gozado de éxito tanto dentro de nuestras fronteras por ideosincrasia y proximidad, como fuera de ellas. Así han cobrado vida página tras página Jaimito, Diego Valor, Zipi y Zape, La familia Ulises, El aguilucho, El llanero solitario, Anacleto agente secreto y El capitán Centella, personajes del tebeo nacional que, además de cosechar la fama entre varias generaciones de lectores, son el símbolo del tebeo español, sin más adjetivos, uno de los de mayor tradición en Europa y que posee unas características propias que le confieren personalidad única. 




Durante todo este tiempo, la actividad de cómic internacional es si cabe más vertiginosa, algo de lo que se hará eco la industria de nuestro país publicando títulos de gran éxito comercial entre los que destacan los del entorno estadounidense, como las sagas de los superhéroes de la todopoderosa Marvel, la conocidísima DC y la clásica King Features Syndicate, de cuyo catálogos podemos entresacar las de los solitarios Superman (1933) Flash Gordon (1934) Batman (1939), Capitán América (1941) Spiderman (1962), Hulk (1962) o las de los grupales Los cuatro fantásticos (1961) o (mis favoritos) los X-Men (1963), muchos de los cuales son publicados en nuestro país por la editorial Vértice. También son destacables, títulos como El príncipe valiente de Harold Foster (1937) o los posteriormente televisivos Daniel el travieso (1951), o el Charlie Brown y el Snoopy de Peanuts, una historieta ideada por Schulz y publicada por primera vez en 1950. Hay que llamar la atención sobre la aparición en el cómic español de los personajes de Hannah-Barbera y Looney Tunes (Warner Bros.), como Tom & Jerry y Bugs Bunny, unos provenientes de los dibujos animados norteamericanos pero que se extrapolan a otros formatos comerciales, una costumbre que se generalizará a partir de los últimos años 70 y todos los 80 y 90. 





Tampoco se olvidan de las obras del entorno franco-belga, uno de los de mayor tradición en el género y que han ido impregnando, no sólo el estilo del tebeo español sino la retina de los lectores. Destacan obras como las conocidísimas aventuras de Tintin, una serie ideada por Hergé que entremezcla el cómic de detectives, el humor coral y la ciencia-ficción, y que, a pesar de ver la luz en 1929, no fue editada en España hasta unas décadas más tarde. También aupar a Asterix y Obelix (Uderzo y Goscinny, 1959), una serie ambientada en los días en las que Roma conquista toda la Galia... ¿Toda? No, toda no, una pequeña aldea de irreductibles galos cuyas aventuras siguen leyéndose a raudales. No nos podemos olvidar de las peripecias de La pequeña Lulú (1935), de los líos de Lucky Luke y los hermanos Dalton en el lejano oeste (1946), de las aventuras de Spirou y Fantasio (primero fue creado Spirou en 1938, después Fantasio en 1944, y el marsupilami, ese animal ficticio que ha empapado el ideario de la niñez, en 1952), de las andanzas de Los pitufos (Peyo, 1958) que tantas penurias pasan cuando el malo Gargamel y su gato se interponen, de las del piel roja Umpah-Pah (1958), el visir Iznogoud (1962) que desea ser califa en lugar del califa, o de las desternillantes situaciones que le ocurren a todos los que rodean a Gastón (o, en castellano, Tomás) el gafe (1957).




Por último citaremos a la Mafalda de Quino (1964), un personaje cuyas tiras, unas veces se pueden clasificar dentro del género infantil, mientras que otras se adscriben a la esfera de lo adulto. 



Tercera etapa. Manga y productos comerciales.

Mientras que Pulgarcito (1981) -el personaje más infantil de los ideados por Jan- y su gato Medianoche intentan dignificar las historietas para niños dentro del contexto culturalmente renovador que supusieron los primeros años de la democracia, el tebeo pierde importancia en su tercera etapa, aunque todavía tiene unas ventas enormes en los primeros ochenta. Debido a la omnipresencia televisiva de los años sucesivos, una que borra del mapa muchos productos culturales que hasta ese momento habían servido para llenar el ocio de los niños, el cómic pierde identidad y queda supeditado al servicio de otras manifestaciones del entretenimiento. En este caso son los dibujos animados, la perfecta excusa para publicar revistas y cómics basados en sus personajes. Así tenemos la revista Don Miki (Montena) que desarrolla su actividad desde 1976 hasta 1989 llenando miles de páginas con los personajes e historias de la factoría Disney, y los cómics sobre series de éxito como La abeja Maya (una producción alemana) y Banner y Flappy, o de las series japonesas Heidi o Marco (N.B.: Prefiero distinguirlas del manga) basadas en las novelas homónimas. Esta tendencia prosigue hasta nuestros días con muchos productos audiovisuales que desarrollan una amplia mercadotecnia a su derredor (véase como ejemplo Los Simpson o Peppa Pig) y que se han ido incluyendo en diferentes revistas y suplementos.



Se siguen publicando más y mejor las historias a las que se dan forma en otros contextos, entre los que destaco a modo de ejemplo (incluir todos va siendo cada vez más difícil), el Yakari de Job y Derib (les confieso que es uno de mis personajes favoritos..., eso de que pueda hablar con los animales me vuelve loco) y el Percevan (1981) de Léturgie, Fauche y Luguy, para jóvenes con ganas de aventuras y un poco de destape...


Aparecen nuevas revistas infantiles que añaden nuevos contenidos (didácticos o de entretenimiento) entre los que destacan algunas tiras cómicas. Como ejemplos pondré las revistas Super Humor, la colección Olé y la conocidísima Esther, la publicación infantil femenina por excelencia en nuestro país que Bruguera editó en los ochenta (1981-1985) donde se recogían las historietas de Esther (a la que insuflaba vida Purita Campos y que daba nombre a la revista), Montse, la amiga de los animales o Tica y sus amigas. Estas revistas prosiguen en los noventa con ejemplos como Caracola o LeoLeo que apuestan por cambios en los formatos (más cuadradas) y en el diseño de contenidos (más didácticos) y que también incluyen historietas gráficas de menor calado.


También en esta década junto a los primeros años noventa, se retoma la idea de los suplementos periodísticos infantiles, proliferando así publicaciones como El Pequeño País (El País, 1981), Gente Pequeña (Diario 16, 1990) y Mini Mundo (1994) -a las que añadimos la decana Gente Menuda que continua con su última época- en los que destacan las tiras de historietas como Calvin y Hobbes, el gato Garfield, Mot (o Movimientos Orgánicos Telúricos), Leo Verdura para los vegetarianos, Goomer, Marco AntonioPepe Gotera y Otilio, Chicha Tato y Clodoveo o 7 Rebolling Street.









A finales del siglo XX y principios del XXI, el cómic infantil clásico es relevado por nuevas aproximaciones a la historieta gráfica, concretamente la de estilo nipón, también denominada manga. En ella tenemos un producto exótico (empezando por el sentido de lectura) en el que ficción y realidad se entremezclan con las aventuras, las relaciones personales o los géneros tan marcados, en pro de una aceptación masiva por parte de los lectores españoles. Es curioso constatar cómo en Japón el manga inspira el anime (series animadas basadas en el manga) mientras que en nuestro país el manga ha alcanzado popularidad a raíz de la emisión de estas series televisivas. Aunque el manga puede parecernos anecdótico dentro de esta retrospectiva, no lo es, ya que (por dar un dato) Dragon Ball ha sido la historieta de origen extranjero más vendida en la historia de nuestro país. Por citar algunass con gran aceptación dentro del público infantil y juvenil señalaremos Doraemon, Pokemon y Naruto, (que se pueden adscribir al llamado "Kodomo manga" o manga orientado al público infantil) Candy Candy, Sailor Moon, Soul eater, Love hina, W Juliet, Shigatsu Wa Kimi No Uso o Anohana ("Shojo manga" o para chicas adolescentes), One Piece, Silver Spoon, Bleach, Death Note, D. Gray-man, Gantz, Fairy Tail, Zach Bell, Orange, Shigatsu o One punch man ("Shonen manga", para chicos adolescentes) N.B.: No hago referencia a los subgéneros como el “Nekketsu” o el “Maho Shojo” porque sería liarles más...










Cuarta etapa. El retorno del cómic infantil de autor, la novela gráfica infantil y el cómic digital

Al comienzo del nuevo milenio, ese que inaugura la cuarta y última etapa del tebeo, los productos del cómic en general, sufren un cambio de concepción bastante evidente que se debe a las nuevas técnicas de ilustración digital, unas que revolucionan la edición del entintado, el mundo del color y las nuevas perspectivas de composición. El mundo global favorece el intercambio de las vanguardias, las nuevas cosmovisiones artísticas como el libro-álbum y la novela gráfica se internan en el mundo del cómic (y viceversa), los diferentes discursos se retroalimentan rápidamente, se incorporan otras visiones y las influencias se disipan en aras de nuevos híbridos difícilmente clasificables, todo ello en pro de una revisión del género.
A partir del año 2010, y gracias a la apuesta de las grandes editoriales de cómic y libro-álbum de nuestro país, la historieta infantil resurge con fuerza en tres ámbitos. El primero son aquellas editoriales emergentes como Bang, Sallybooks, La Tribu, Andana o La casita roja que comienzan a desarrollar de manera simultánea libro-álbumes como cómics infantiles, lo que denota mucho interés por un formato con muchas posibilidades. Entre las historias a destacar contamos con SuperJaime, Ari cazador de dragones, Noah y los dioses del paisaje, la serie de cómics infantiles Mamut, las aventuras de Anna Dedalus o El globo rojo en la lluvia de Linniers. También habría que incluir aquí a Cocobooks, la editorial de libros de actividades que ha desarrollado cómics de la familia Mumin.



  


Por otro lado tenemos a aquellas editoriales que clásicamente se han decantado por el género del álbum pero que empiezan a incorporar en sus catálogos obras de cómic dirigidas al público infantil, entre las que podemos señalar a Barbara Fiore con la serie Hilda y el troll, la editorial Thule con algunos libros de su colección Isla Flotante donde cabe destacar los titulos de la serie Buh, Narval con su novela gráfica para niños Glup. o Faktoria K de Libros/Kalandraka con la colección BD BandaEl señor Top de Krahn o Cómo hacer un comic.



Y por último reunimos a todas esas casas editoriales dedicadas tradicionalmente al cómic. Unos se han decantado por productos de clara orientación infantil, mientras que otras casas editoriales se siguen prefiriendo los formatos clásicos y defienden un cómic integral de carácter juvenil que constituya en enlace entre el cómic infantil y el adulto, con menos cortapisas y sin edulcorantes. Astiberri despunta con sus series Bone o Pablo y Jane, los Cortocuentos de Crespo y García, y Almóndigas del espacio. En Norma encontramos las series Brujeando, Gumball, Leyendas de Parvaterra y Hora de aventuras, y la genial (para mi gusto) Mouse Guard, e incluye volúmenes como El fantasma de Anya. Dolmen reedita, entre otras, las aventuras de clásicos como Bermudillo el genio del hatillo, Benito Sansón, Johan y Pirluit, o la azafata Natacha, esta ultima de carácter más femenino. Planeta, DC Comics y Marvel también desarrollan su catálogo de cómic infantil; la primera con los clásicos de la literatura universal en versión cómic, Darth Vader e hijo, Angry Birds, el siempre rentable Gerónimo Stilton, y alguna producción nacional juvenil como Las increíbles aventuras del Duque Dementira, y las segundas, con sus ediciones sobre superhéroes en versión infantil/juvenil. En Ediciones Kraken además de encontrar reediciones de algunos clásicos encontramos producciones como Alunizaje en el lado oculto de la luna o Dinosaurios para desayunar. Dibbuks, con un amplio catálogo, apuesta por sus series Paula Crusoe, Solos, Dad, Ombligos, Marieta y Atlas & Axis. Salamandra Graphic inicia su incursión en el comic infantil con Jane, el zorro y yo, Fulgencio Pimentel con Pequeño Vampir de Joann Sfar. También podemos citar La radio de Delley en Ediciones Babylon, Xerais con su serie Marcopola, una antología de Cutlas en Evolution Cómics, filial de Panini, Pistuví en la editorial de crowfounding Spaceman Books, Pequeño peludo en Base, Todo miau de Diabolo, y Salem Hyde en Edebé.















Cabe señalar también la reaparición de revistas y fanzines infantiles independientes que renuevan un formato abandonado a su suerte por el bajo interés comercial y que propician la renovación de un género que había sido apartado del ideario infantil. Entre estas se me ocurre citar la revista La leche que, como muchas otras del entorno europeo (Anorak, Ploc Happy mag for little ones, Cagoule, The Loop o Teepee), con cierto aire vintage y estupendos contenidos gráficos, También cuenta con cómic de autor entre sus páginas.


Por último y aunque a algunos nostálgicos nos pese, tenemos que hablar del webcómic y el e-comic, historietas que utilizan como soporte una página web y que leemos sobre la pantalla del ordenador. Mientras que los primeros son concebidos enteramente en formato digital, los segundos son obras en papel que han sido digitalizadas con posterioridad. En este tipo de producciones tenemos que destacar el concepto de interactividad y las sinergias con el sector de la tecnología. Algunos de estos ejemplos y que pueden leer los niños (su categorización es más difícil) son Piratas, Odiolitos, Dawn of time, Count your sheep, Papa friki, Bajo cero o No soy un fantasma que se pueden encontrar en los portales WEE, Subcultura o TuComic. Para saber más de estos webcómics recomiendo leer La revolución de los cómics de Scott McCloud.



Pequeños lectores que se hacen adultos...

Seguramente muchos menosprecien el cómic infantil y juvenil por su sencillez, pero lo cierto es que todos los títulos que he ido citando en esta pequeña retrospectiva tienen mucho que ver mucho con una afición que se despierta en los pequeños y jóvenes lectores, y que suele proseguir en la madurez, permitiéndoles valorar obras maestras de este género que no puedo dejar de citar en una entrada como esta. Llenas de viñetas extraordinarias y diálogos sin parangón tenemos los internacionales como V de Vendetta, Watchmen, The Sandman, Maus, Preacher, 300, From Hell, Persépolis, La cosa del pantano, Adolf, Sin City, Fábulas, Génesis, Berlín, Akira o La casta de los metabarones, y los nacionales como el Paracuellos de Carlos Jiménez, la Anarcoma de Nazario, Torpedo, Trazos de tiza o Blacksad, todas ellas auténticas joyas discursivas.










Epílogo

Y con esto, que no es poco, pongo el punto y final al que ha sido mi pequeño tributo al cómic infantil y juvenil para uso de curiosos, aficionados, bibliotecarios, maestros y padres. Sé que me habré dejado en tintero muchas consideraciones (véase por ejemplo el poco respeto que el poder político y legislativo han tenido sobre los grandes creadores de cómic de nuestro país), reflexiones (¿Por qué no se legitima al tebeo de una vez? ¿Acaso no es suficiente con la masiva aceptación popular?), editoriales y títulos (Necesitaríamos una tesis doctoral para recoger todo lo publicado...), pero espero que, al igual que yo elaborándola, hayan podido llevarse una idea general sobre lo que supone este arte secuencial en el ideario de los más pequeños, esos que un día, también fuimos nosotros. 


"No veo la razón para prohibir que los niños lean cómics."
Grant Morrison



3 comentarios:

miriabad dijo...

¡Bravo por el tributo al cómic! Raíz de risas, literatura y subersión infantil. Me han gustado y me gustan muchos de los que mencionas y con especial cariño a los españoles porque tienen un humor muy nuestro. Los que no me interesan nada son los superhéroes americanos.

Laxa dijo...

Hola,faltan los que se publican y publicaron en euskera clasicos como Ipurbeltz entre otros. Saludos

Román Belmonte dijo...

Gracias a las dos por vuestros comentarios. Miriam, Superman y yo no nos llevamos muy bien, pero habrá que intentarlo, ¿no?. Laxa, si te parece, incluye todos esos títulos en un comentario a continuación y amplías la información sobre el cómic infantil y juvenil en euskera. No obstante, gracias por el apunte. ¡Un saludo a las dos!

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