miércoles, 2 de marzo de 2016

Valiente país, políticos cobardes


Aquí todo el mundo es valiente..., sobre todo en el congreso. Henchidos de razón y militancia (¡Qué asco de políticos! ¿De dónde saldrán? Hay tanto baboso suelto...), se ponen a resoplar desde sus escaños para montar un nuevo entremés mientras el capital se fuga a otros paraísos más seguros y certeros. Lo mejor de todo es que nosotros, los de a pie, cada vez estamos más contentos (esto de tenerlos entretenidos nos está haciendo mucho bien en el epitálamo) a pesar de dar buena cuenta de que, en el fondo, son pocos y cobardes.


De valientes es acabar con la desidia, con los clientelismos, con el anquilosamiento y la mendicidad. Hay que aupar al espíritu de superación, al sacrificio personal (que se lo digan a los miles de inmigrantes que vinieron a este país y aguantan carros y carretas para alcanzar una vida mejor). Refugiarse en “el estado del bienestar” para no velar por la riqueza común, es un suicidio colectivo.
Valiente es revisar el sistema fiscal de un estado que sangra a las clases medias, a los funcionarios, a los autónomos y al pequeño y mediano empresario, para favorecer a multinacionales y otros sectores muy peseteros y poco loables. E igual de valiente es vigilar la corrupción, sea a una u otra escala, y penar al que se aferre a ella para medrar a costa de una sociedad que vive a pesar de estos lastres.
Proporcionar a los ciudadanos un sistema jurídico ágil, dejar a un lado las laberínticas trabas burocráticas que entorpecen el buen funcionamiento social, y dar una independencia real a jueces y fiscales en su lucha por lo justo y equitativo, es igualmente valiente.


Valiente es actuar sobre la educación desde un prisma realista... Que vele por los intereses de los ciudadanos, con una formación participativa, clásica y de calidad, que busque alternativas reales y aplicables para los alumnos perdidos, que se preocupe del respeto y de los valores humanos, que no ponga parches, que sea eficaz académica y económicamente, y, sobre todo, que no apueste por la ignorancia.
Además del esfuerzo y tesón de nuestros médicos y demás profesionales sanitarios, el sistema asistencial español necesita una gestión real y viable, asentada sobre premisas claras y concisas; nunca concebidas desde el buenismo o la culpa. Valiente es hacerle frente a las realidades sociales desde el sentido común pero sin olvidar jamás los derechos humanos.
Valiente es revisar los contenidos televisivos, los medios de comunicación de masas y su omnipresencia. Gestionar de manera plural la oferta cultural, apostar por lo diverso, no decantarse por el sesgo casposo o progre, aupar la lectura en todas las edades, poner al servicio de los viandantes la música, el cine y el teatro. Fomentar el intercambio de pareceres y, sobre todo, la libertad.
Valiente es dejar los prejuicios a un lado, alejarse de las tendencias partidistas, el separatismo, la división, los intereses creados, los grupos de poder y los corros de patio, para ver la realidad tal y como es, para avanzar como país dentro de un contexto mutable. Y si no se es capaz, también es de valientes levantarse del sillón, dimitir e irse.


Y si no les ha quedado clara mi concepción de coraje, arrojo u osadía, aquí les dejo El pollito valiente de Robert Byrd, un título muy válido, simpático, de corte clásico, tanto literaria, como gráficamente que, editado por la siempre exquisita editorial Juventud, nos hace llegar la idea de que un hombre con valor, siempre hace una mayoría.

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