jueves, 30 de enero de 2014

Jueves Ilustrados: Oliver Jeffers


Siguiendo con la serie que sobre ilustradores actuales comencé hace un par de semanas con la figura de Benjamín Lacombe, sigo esta semana con el vendaval americano Oliver Jeffers. Nacido en Port Hedland (Australia) el año 1977, aunque criado en Belfast y por tanto considerado norirlandés, desde muy joven se sintió inclinado hacia el mundo artístico. Tras centrarse exclusivamente en la música, una pasión que se vio frustrada por el poco reconocimiento que tenía en los círculos locales, se decantó por la pintura, una disciplina que ha llegado a ser su forma de sustento. En 1995 se presentó en un concurso de pintura (Irish News Amateur Art Competition), tras la que decidió dedicarse por entero a esta profesión. Después de exponer en Belfast, Nueva York, Sydney, Melbourne, Glemgormley y Londres, resuelvió crear libros para niños y dado que no tenía presupuesto para costearse un representante, envió su trabajo a la editorial Harper Collins que viendo su potencial lo contrató, empezando así una carrera de éxito que se ha visto reconocida con diversos títulos, premios y reconocimientos.





Dentro de sus obras destacan Como atrapar una estrella, Perdido y encontrado, El increíble niño comelibros, De vuelta a casa, El misterioso caso del oso, Arriba y abajo, Atrapados, o Este alce es mío, aunque también ha colaborado con otros autores ilustrado sus historias, como The day the crayons quit, de Drew Daywelt. En todos ellos se puede admirar un estilo que podría encuadrarse dentro del estilo figurativo que combina tanto técnicas pictóricas tradicionales como la pintura al óleo o el collage. Es bastante frecuente encontrar tanto figuras en tres dimensiones como bidimensionales, producto de aunar fotografía y dibujo, así como una caligrafía muy característica que inserta mayúsculas y minúsculas al libre albedrío (¿han visto alguna pizarra de Educación Primaria?).




Por último y haciendo alusión a su preparación académica y universitaria, señalar el estudio que realizó sobre el equilibrio entre las obras artísticas y científicas, relacionadas por ecuaciones matemáticas, algo llamativo que suele verse como guiño en sus dibujos y pinturas.

lunes, 27 de enero de 2014

Sembrando el futuro


Tengo sobre la puerta del frigorífico un imán decorativo que reza en inglés algo así como que los maestros plantamos semillas para que crezca el futuro, una verdad a medias si tenemos en cuenta tres factores… Lo primero es que los docentes sembramos lo que nos deja el Estado, esa omnipresente panda de grajas que planean sobre nuestro criterio y cuyo único interés es el de fabricar inútiles votantes. Lo segundo es que, a pesar de enterrar simientes en cerebros y corazones, muchas familias se empeñan en regarlas con  aguas fecales y otros residuos que las nutren de mugre hasta pudrirlas. Y, por último, de esos alumnos que germinan y crecen hacia la luz, algunos se tuercen por sí mismos y, aunque intentemos guiarlos y tutorarlos, pocos son los que continúan su camino, haciéndose fuertes y vigorosos en un mundo donde siempre, la competencia y los sinsabores son la tónica imperante.
Todos queremos que nuestras enseñanzas trasciendan, pero son pocos quienes lo logran. Admiro a todos aquellos que consiguen algo bueno para los días venideros, a todos aquellos que consiguen grabar sobre los demás sus enseñanzas y perdurar en la memoria de otros, en definitiva, que enseñan a cazar dragones, algo bastante extraño en nuestros días, pero no imposible (se lo digo como alumno y como profesor).


Pero no desfallezcan, incluso las causas pérdidas pueden sufrir un punto de inflexión en sus vidas. Un divorcio, una gran traición, la pérdida de un ser querido o el mismísimo amor, pueden alterar el ritmo de crecimiento de los jóvenes, cambiando así la tónica y desidia imperantes. Prueba de ello es La promesa, de Nicola Davies (texto) y Laura Carlin (ilustraciones) y publicado por Milratones –Editorial Milrazones-, un libro que en la misma línea de El hombre que plantaba árboles y La señorita Emilia, no plantea una pequeña fábula llena de lirismo en la que una ladronzuela ve cambiar su vida de color y sobre todo de sabor, tras robarle el bolso a una anciana que le pide a cambio de este, llevar a cabo una extraña promesa.


viernes, 24 de enero de 2014

Tropiezos caminando


De niños juguetones está el mundo lleno, sobre todo los patios de recreo, las guarderías y los parques y jardines, lugares todos ellos donde pueden dar rienda suelta a sus pies primerizos para gatear, patalear, andar y correr. La pena es que algún patoso, dé un traspiés, y sufra desconsolado, más de lo debido, a tenor de lo cual se suelen unir en coro los llantos de los demás y se arma un jaleo descomunal. ¡Menos mal que siempre hay alguien que sabe calmarlos y consolarlos!

[…]
Le dio una pizquita
de ruda marchita
para el mal de ojos,
dijo que cumplieran
todos sus deseos,
todos sus antojos.
Y como lloraban
todos los Juanitos
por el indispuesto,
a aquel le brotaron
nuevos corazones
que llevaba puestos.
[…]

María Cristina Ramos.
Caminadito de los Juanes.
En: Caminaditos.
Ilustraciones de Elsa Arguilé.
2013. Madrid: Los Cuatro Azules.


miércoles, 22 de enero de 2014

1000 Caperucitas Rojas



Imagen de portada: Estudio Milimbo.

Si las estanterías están llenas de libros que no lee nadie, la vida está llena de caperucitas rojas. Probablemente todos conozcamos alguna atrapada por un embarazo prematuro, las garras del tráfico de drogas, un padre maltratador o una madre absorbente, la lacra de la anorexia, un novio acaparador, una familia sobreprotectora o la siempre omnipresente inseguridad de vivir. Estas, las caperucitas de hoy día, no tienen nada que ver con esas otras más clásicas narradas por Perrault o los Hermanos Grimm (ya en aquel entonces las versiones corrían de boca en boca y de pluma en pluma), pero igualmente necesarias conforme cambian los tiempos. No sé a qué se debe que este cuento desmenuzado, bien por cualquier estudioso de literatura infantil y/o narrativa oral, incluido el Psicoanálisis de los cuentos de hadas (Bruno Bettelheim), bien por maestros de escuela y guardería, tenga tanto éxito, pero esa niña envuelta en una capa roja, ese lobo malvado, la abuela indefensa y el cazador que viene y va de unas adaptaciones a otras, son partes fundamentales de una historia que ha encandilado, encandila y encandilará a niños y mayores.
Prueba de ello es esta recopilación de unos cuantos (mil son demasiados...) títulos dedicados al cuento por excelencia, que he realizado gracias en parte a un curso sobre lecturas escolares en el que estoy enrolado, y que aquí les dejo para que disfruten estos días.


Pacovska, Kveta & Rubio, Esther. Caperucita Roja. Ed. Kókinos.


Frisch, Aaron & Innocenti, Roberto. La niña de rojo. Ed. Kalandraka.


Serra, Adolfo. Caperucita roja. Ed. Narval.


 Brasseur, Philippe. El pequeño libro rojo. Ed. Océano.


Mar Ferrero. Lo que no vio Caperucita Roja. Ed. Edelvives.


Almagro, Inés & Mardones, Mikel. Las manoplas de Caperucita. Ed. OQO.


Perrault, Charles & Sourdais, Clementine. Caperucita Roja. Ed. Blume.


Martín Vidal, Beatriz. Little Red. Ed. Thule.


Negrín, Fabián. Boca de lobo. Ed. Thule.


VV.AA. Caperucita Roja. Ed. Nórdica Libros.


Ayabo & VV.AA. Érase veintiuna veces Caperucita Roja. Ed. Media Vaca.


Rowe, Louise & Rodrigo, Javier. Caperucita Roja. Ed. La Osa Menor.


Grimm, Wilhem & Jacob. Y recuerda… Ed. Milimbo.


Roald Dahl & Blake, Quentin. Caperucita Roja. En: Cuentos en verso para niños perversos. Ed. Alfaguara.


VV.AA. El gran libro del lobo feroz. Ed. Juventud.


Battut, Eric & Nadal, Alfonso. Caperucita Roja. Ed. Juventud.



Perrault, Charles & Moon, Sarah. Caperucita roja. E.G.A./Ratón Pérez

Rackham, Arthur & Nadal, Alfonso. Caperucita Roja. En: Los mejores cuentos de la literatura universal. Ed. Juventud.


Baruzzi, Agnese & Natalini, Sandro. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Ediciones B.


Almodóvar, A. R. & Taeger, Marc. La verdadera historia de Caperucita Roja. Ed. Kalandraka.


Lavater, Warja. Le petit chaperon rouge. Ed. Adrien Maeght.


Martín Gaite, Carmen. Caperucita en Manhattan. Ed. Siruela.


Iguerabide, Juan Cruz & Solé Vendrell, Carme. Caperucita y la abuela feroz. Ed. Edebé.


Pescetti, Luis María & O’Kif. Caperucita Roja: (tal y como se lo contaron a Jorge). Ed. Alfaguara.



Leray, Marjolaine. Una caperucita roja. Ed. Océano.



del Mazo, Margarita & Salaberria, Leire. 2014. Feroz, el lobo. OQO.



Munari, Bruno & Agostinelli, Enrica. 2001. Caperucita Roja, Verde, Amarilla, Azul y Blanca. Anaya.



Mistral, Gabriela & Paloma Valdivia. 2014. Caperucita Roja. Amanuta / Diego Pum.


Daly, Niki. 2006. La pequeña caperucita africana. Intermón Oxfam.


García, Sergio & Moral, Lola. Caperucita Roja. Dibbuks.


Pilar Serrano & Mar Azábal. Lobo sólo buscaba wifi. Amigos de Papel.


Chabbert, Ingrid & Guridi. 2016. El enorme y malvado Feroz. Cubilete.


Murillo, Luis & Ordás, Emi. 2014. Cadavercita Roja. Algar.


Gianni Rodari & Alessandro Sanna. 2011. Confundiendo historias. Kalandraka.


Agostino Traini. 2017. El caperucito rojo. Picarona.

lunes, 20 de enero de 2014

Jugando al fútbol


La semana pasada, además del lío de Burgos (¡viva la especulación innecesaria y corrupta!) y los dimes y diretes entre fiscales y jueces a tenor de la comparecencia de la infanta (que demuestra una vez más la ineficacia del sistema judicial en un país de pandereta), pudimos “disfrutar” en vivo y en directo de las lágrimas de Cristiano Ronaldo al recibir el balón de oro.
Me encanta constatar que estos multimillonarios se ponen a llorar como niños cuando se reconoce su valía dentro del campo, no sólo porque compungen a futboleros fanáticos (más le valdría a más de uno tomar nota y rebajar unas barrigas que aumentan su volumen en los bares), sino porque enseñan el lado humano de estos gladiadores de élite contemporáneos que se pirran por chupar cámara y dar ejemplo humanitario.
¡Bendito fútbol! Una paradoja más, el nuevo sueño americano con el que la clase obrera occidental duerme todas las noches para que sus hijos, a la mañana siguiente, se hinchen a loas, salves y billetes, sean la portada de todos los periódicos gracias a la cría de su prole y su desventuras amorosas, y den muestra de su saber hacer y humanidad manifiesta en programas del corazón, para luego, como cualquier pobre, intentar engañar al fisco, comprarse varios coches horteras y unos cuantos anillos de oro macizo… No me extraña que el público en general ame un deporte como el balompié, tan rentable como enriquecedor. Incluso los personajes de muchos álbumes ilustrados se pirran por darle patadas al balón sobre la hierba. El último de estos ejemplos es la Mina de la serie Poka y Mina (concretamente el libro que lleva por título El fútbol) que tanto éxito le ha dado a Kitty Crowther fuera de nuestras fronteras y que la editorial El jinete azul ha traído a nuestro país esta temporada.


Como último apunte decirles que si intentan triunfar en el mundo del deporte regio y no lo consiguen, siempre pueden dedicarse al estudio que, aunque menos productivo, se figura igual de satisfactorio.

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