lunes, 20 de noviembre de 2017

Juegos infantiles contra la adulta gravedad


Contaminarse es cosa de adultos. Es lo que toca cuando no puedes volver a Nunca Jamás. Hasta el último mono tiene ganas de hacerse “grande”. Medallica por aquí, medallica por allá. Sobre todo a costa de los demás, que es lo que más luce: mandar, mandar y mandar. ¡Ay cómo se te ocurra poner su palabra divina en tela de juicio! ¡Maldito quedarás! Ccaerán sobre ti y te sepultarán. A ver si heredan el cortijo y revientan, poquito a poco, para que nos luzca a todos, a ellos sobre todo.


Estoy harto de adultos haciéndose los responsables... Román, no digas tacos, es mejor ser suavón y sibilino... Román, es preferible acuchillar a la gente por la espalda que en público, les gusta mucho más... Román, la política no se habla, se hace... Román, saltar, correr, reír... ¡eres peor que los alumnos! Un profesor de verdad debe ser odioso, gris, ¡ceniciento!... Román, esos temas con prudencia, no sea que la gente piense con coherencia... Román, ¡qué irresponsabilidad!...


Y pensar que cuando era un niño ¡nadie sabía mi nombre...! Ramón, Germán, Tristán, pero nunca Román...) ¡Qué asco de gente, que a uno no le dejan jugar! Yo solo me divierto, y ya está. Me gusta vivir, me gusta danzar, me gusta reír y me gusta soñar. Por ahora, nadie me ha robado la infancia, ¡ni me la van a robar! Les aviso que los monstruos no dejamos la vida sin más. Un servidor, como la yedra terca, luchará por brotar.


Me hace más feliz hablar de libros con los alumnos que con algunos adultos (¡Shhhh! ¡He montado un club de lectura en una hora de clase! Pero no se chiven que seguramente docentes y padres exclamarán “¡Qué gran inutilidad!”). Parece ser que cuando uno llega a cierta edad todo se debe rodear de problemas. El gesto se torna grave y la sonrisa es algo testimonial. Seguramente sea fruto del aburrimiento (Trabajo, casa, familia; trabajo, casa, familia. Hartazgo asegurado), quizá una pose necesaria (La mujer del césar no sólo debe ser honrada, sino parecerlo), pero el caso es que quienes no la secundamos, según ellos, no nos realizamos. Qué asco de gente (soy menos poético que Momo, la de Ende, que también se enfrentaba a este tipo de humanos).


Menos mal que estamos nosotros, la resistencia, para dejarnos de chorradas y andar inventando. Reírnos de nosotros mismos, también de los demás. Juguetear con unos, hacernos pasar por otros y, sobre todo, disfrutar. Como la protagonista de La saltinadora gigante un álbum de Helen Oxenbury y Julia Donaldson (Juventud) que mezclando juegos infantiles, prejuicios adultos y las retahílas, nos trae una historia sencilla y encantadora en la que más de un niño y un adulto se verán reflejados, por lo cómico, por lo absurdo.
En fin, vamos a correr un (es)tupido velo y pensar en las emociones y momentos felices que nos esperan, que es lunes y no me quiero mosquear.

miércoles, 15 de noviembre de 2017

Grandes figuras de la ilustración LIJ (XXII): Bruno Munari


Hace casi un año que la editorial argentina Niño Editor se embarcó en la publicación de los libros que conforman la Serie Infantil de Bruno Munari, quizá la más conocida de este autor dentro del ámbito de la LIJ. Era la primera vez que se editaba en castellano y a muchos nos hizo verdadera ilusión. Su salida en nuestro mercado fue en pleno mes de diciembre, una época que si bien tiene mucha repercusión comercial, también obliga a que otros muchos pasen desapercibidos debido al gran volumen de novedades que se ponen a la venta.
Aunque en aquel entonces apunté a estos títulos (ver la selección anual de este sitio), decidí esperarme para internarme más en profundidad en las páginas de una colección magnífica que, si bien ha pasado el tiempo, permanece atemporal ante los ojos de los niños, y de paso hacerlo protagonista de esta sección y ensalzar la figura de un creador (pueden disfrutar de los 21 creadores restantes AQUÍque introduce vanguardias, cambios revolucionarios y nuevos conceptos que han trascendido el tiempo y cuyo ejemplo cunde en autores posteriores.



Lo primero, una pequeña biografía...
Bruno Munari nace en Milán el 24 de Octubre de 1907 (hace un par de semanas hubiera cumplido 110 años... ¡Felicidades con retraso!), pero su infancia y adolescencia transcurren en Badia Polesine donde llega con seis años de edad. Con 18 años regresa a Milán para trabajar con un tío ingeniero y comienza a frecuentar los círculos del arte y el diseño de la época. Dos años más tarde, en 1927, se adhiere al movimiento futurista milanés de segunda generación que es abanderado por Marinetti, exponiendo junto a este grupo de artistas.
Tres años más tarde se asocia con el pintor Riccardo Ricas Castagnedi, con quien abre el estudio gráfico “R+M” donde trabaja con el grabado y experimenta con técnicas innovadoras hasta 1938. Durante estos once años Munari comienza a internarse en las corrientes del surrealismo y la metafísica de la mano de Dalí y Andrea de Chirico, y en 1930 realiza la estructura Macchina aerea considerada como el primer móvil de la historia del arte, y que replanteará más tarde (1972). A esta le siguen las Macchine Inutili (1933) sobre las que prosigue la investigación de obras de arte en movimiento, unos objetos suspendidos donde todos los elementos están en una relación armónica entre sí por sus medidas, formas y pesos. Durante este año viaja a París, donde conoce a Louis Aragon y André Breton, y da por finalizada su relación profesional con Riccardo Ricas.



Macchina aerea


Macchine inutili

Desde 1939 a 1945 compagina su trabajo como diseñador gráfico en la editorial Mondadori con la dirección artística de la revista Tempo y la creación de libros de literatura infantil. A partir de ese momento su producción va in crescendo.
En 1948, junto a Gillo Dorfles, Gianni Monnet, Galliano Mazzon y Atanasio Soldati, fundó el movimento Arte Concreta.
En la década de 1950 sus investigaciones visuales lo llevan a crear los Negativos-Positivos, cuadros abstractos con los que el autor deja escoger a voluntad del espectador la forma del primer plano y la de fondo. En 1951 presenta sus Máquinas Arrítmicas en las que el movimiento repetitivo de la máquina se interrumpe con casualidad mediante intervenciones humorísticas. En 1954 utilizando lentes Polaroid, construye objetos de arte cinético denominados Polariscopi gracias a los cuales es posible utilizar el fenómeno de la descomposición de la luz con fines estéticos. En 1953 se dedica a investigar en el proceso creativo de la misma naturaleza con El mar como artesano (una colección de objetos modificados por el mar) y el Museo imaginario de las islas Eolie, 1955, donde incluye reconstrucciones teóricas de objetos imaginarios, composiciones abstractas que limitan con antropología, humor y fantasía.



Polariscop


Da lontano era un'isola

En 1958 modelando los dientes del tenedor crea un lenguaje de señas a través de los llamados tenedores parlanchines, y presenta sus esculturas de viaje donde el arte deja a un lado su función monumental para considerar objetos de viaje que ayudan al nómada a ubicarse emocionalmente en las habitaciones anónimas de los hoteles del siglo XX.



Forchette parlanti


Sculture da viaggio

En los años sesenta comienza a viajar con frecuencia a Japón y establece una estrecha relación con la cultura nipona que le llevan a dar vida a creaciones como su Fuente a cinco gotas (Tokio, 1965). Durante esta etapa también se dedica a obras seriales o experimentaciones visuales utilizando fotocopiadoras (1964). Cabe destacar el tiempo que invierte en Cardina, sobre la colina de Monteolimpino, entre 1962 y 1972, donde realiza películas cinematográficas de vanguardia (I colori della luce o Tempo nel Tempo), y a la que vuelve en sus años de vejez. De esta experiencia nace la Cineteca di Monteolimpino - Centro internazionale del film di ricerca.
Durante lás décadas de 1980 y 1990 contribuye en la creación de óperas, da vida a las esculturas Filipesi (1981), sus Rotori (1989), las estructuras Alta Tensione (1990), las grandes esculturas en acero expuestas en las orillas de Nápoles, Cesenatico, Riva del Garda o Cantù, los Xeroretratos (1991), y los ideogramas titulados Árboles (1993).
Tras varios reconocimientos a su gran actividad dentro del arte contemporáneo, entre los que se cuenta el Premio H. C. Andersen (1974) o el premio Lego (1986), que reconoce la creatividad hacia la infancia, Munari fallece a los 91 años en su ciudad natal.



Aunque la producción artística de Munari abarca más de 600 proyectos donde se amalgaman todo tipo de ideas, técnicas, métodos y formas que van desde la escultura, la pintura, la cinematografía, el diseño industrial o la fotografía, en este lugar de monstruos hemos de centrarnos en su producción editorial. Esta actividad que abarca unos setenta años (desde 1929 a 1998), tiene varias líneas como los libros o manuales técnicos, los ensayos, los libros de artista y los que se conocen como sus libros para niños.
Los primeros libros para niños que idea Munari son los de la llamada Serie infantil, un total de nueve libros, que en inicio son creados para sus hijos, más concretamente para Alberto. Como no encuentra nada en el mercado que le convenza, decide sumergirse en el mundo de la creatividad dirigida a los niños. Tras la buena aceptación que tienen entre sus hijos, la casa Mondadori se interesa por ellos y salen a la venta entre 1945 y 1946. Estos libros, algunos circulares, cuentan con pestañas, troqueles e ilustraciones anidadas que, utilizando la sorpresa y el juego, aúpan al objeto libro, le confieren identidad y permiten al lector sumergirse en un mundo interactivo en el que aprender. Son extraordinarios exponentes de los libros pop-up con niveles discursivos complejos (para más información diríjanse a este monográfico).



En 1949-1950 comienza a realizar los Libros ilegibles, libros de artista en los que las palabras desaparecen para ceder espacio a formas insólitas e innovadoras que parten de la encuadernación y los elementos físicos del libro. Estos libros siguen la estela de los boletines del movimiento Arte Concreta en los que Munari concibió varias portadas muy similares a lo que luego se vería en sus Libros ilegibles. Entre estos libros sin texto pero multisensoriales destacan dos, el Libro Illeggibile Bianco e Rosso y el Libro Illeggibile MN1. Son los que más han trascendido puesto que estos libros eran únicos o constituían tiradas limitadas editadas por museos o galerías de arte. Son lugares que permiten imaginar otro tipo de discurso leyendo páginas de distintos colores, encontrarse con el arte desde una perspectiva primigenia.



Boletín nº 5 Arte Concreta


Libro Illeggibile Bianco e Rosso


Libro Illeggibile MN1

Además de estas series tan conocidas por su vanguardismo no hay que olvidarse de dos libros, Della Notte Buia (1952, disponible en castellano en la editorial Corraini como En la noche oscura) y Nella Nebbia di Milano (1968). En ambos títulos Bruno Munari utiliza recursos que destacan la tercera dimensión y que tienen mucho que ver con el surrealismo. Mientras que en el primero usa los troqueles, en el segundo combina, tanto las páginas troqueladas, como páginas de papel translúcido, un material muy utilizado por él. Es así como Munari consigue dotar de atmósfera y profundidad a las historias que cuenta, sumerge al lector en el espacio de la doble página y le da protagonismo.









Entre los dos anteriores, Bruno Munari idea su Alfabeto (1960), un libro informativo que combina elementos de ilustración figurativa-realista, con elementos tipográficos. En él destaca la composición de cada doble página, un ejercicio de diseño notable que desata en el lector un juego visual que le ayuda a integrar lo que ve.



En su última etapa, Munari da vida a los Prelibri (1980). Es curioso como Munari realiza un en sus obras para niños un viaje creativo inverso al que se le presupone al de la lectura, es decir, comienza a dar forma a libros con texto para terminar con estos libros, títulos dirigidos a los prelectores en los que la alternancia de formas, los colores, los materiales de las páginas, y elementos como el modo de encuadernación, rasgaduras, agujeros e hilos que atraviesan las páginas, pueden crear escenarios donde el niño puede experimentar y ser consciente del libro como entidad física. Muy relacionados con los Libros ilegibles, son libros-objeto que, despojados de un mensaje textual, ayudan a desarrollar la creatividad gracias a la elasticidad mental de los niños más pequeños.



Por último, no se nos puede olvidar que Munari también colaboró en proyectos ajenos de autores como Gianni Rodari, en los que destacan los diseños para las cubiertas y algunas ilustraciones interiores, así como en proyectos editoriales informativos. He aquí algunos de ellos.




La mayor parte de la obra de Bruno Munari, incluidos sus libros infantiles, se sostiene por un objetivo fundamental: Munari entiende el diseño como una operación de comunicación visual y defiende que, como tal, debe despojarse de detalles y artefactos, estar únicamente regida por la funcionalidad y la simplicidad, los principios básicos de toda comunicación que, además, tiene que ser objetiva y, sobre todo, universal, es decir, cualquier persona, independientemente de su edad o procedencia, ha que entender el mensaje, la esencia, la idea.


Macchine inutili

Si además añadimos que Munari se define a sí mismo como el “eterno bambino”, no es cosa baladí atender a tres pilares principales que vertebran sus libros infantiles como son:
- La experimentación es un vehículo a través del cual el lector puede encontrar un camino. Munari trata la experimentación desde dos visiones, como creador y como espectador. En la primera invita al actor a experimentar dentro del objeto, y por otro, a experimentar junto el objeto, durante su proceso creador (ver sus talleres Jugar con la fotocopiadora, 1991 y Jugar con la soldadora, 1994).
- El juego. Munari fue uno de los primeros artistas en introducir el juego en el libro. El juego es una constante primitiva en su viaje artístico y embebe toda su producción. Descubrir, buscar, voltear y, sobre todo, pasar páginas, son procesos que alimentan la curiosidad del lector y le invitan a pasear. Al igual que sucede con la experimentación, aquí también encontramos dos vertientes, el juego implícito en el objeto, en este caso el objeto libro (Serie Infantil), y el juego que establece un niño o un adulto en la realización de un proceso (N.B.: No nos olvidemos de su laboratorio Reencontrar la infancia, Milán 1989, cuyo objetivo era retrotraer a la infancia a personas de cualquier edad puesto que para él y en sus propias palabras “Jugar es algo serio”). Como ejemplo estas vertientes véanse los laboratorios Jugar con el arte, 1977, Jugar con la naturaleza, 1988, o sus Mesas táctiles, 1995.
- El aprendizaje (desde su sentido más amplio, no sólo el didáctico). A partir de los años 70, Munari decide orientar su producción artística hacia el plano de la didáctica verdadera y real. Su finalidad es enseñar a través del arte y el diseño. Es necesario que los caminos se bifurquen, se abran interrogantes, alternativas, pensamientos en todos los sentidos. Esto se consigue con una visión plural donde juego y experimentación van de la mano.



ABC con fantasía (juego)



Piu E Meno (juego, junto a Giovanni Belgrano)

Por último y por alusión a algunos aspectos que también aparecen en su producción no editorial, hay que apuntar a ideas destacables en la concepción de algunos libros infantiles como:
- El arte cinético. Munari no concebía el arte sin el cambio. El movimiento, la posición relativa y la perspectiva fundamentan libros como El ilusionista o Buenas noches a todos. Solapas, situaciones dinámicas y pestañas ofrecen una dimensión interactiva del objeto libro.
- La luz, sobre todo en lo que se refiere a la conjunción positivos-negativos, contraluz o trasluz, algo que podemos observar en su Della notte buia.
- La naturaleza como creadora. La naturaleza es la que dibuja y esculpe sus obras. Por ello animales grandes y pequeños (Nunca contentos), la niebla que cubre las ciudades (Nella nebbia di Milano), o la dualidad día-noche, también son los protagonistas de sus historias
- La forma y la dimensión son dos variables que el autor considera imprescindibles para establecer el diálogo entre niño y libro. Recomiendo sus Prelibri y/o Libros ilegibles para entender este concepto.
- Objetos imaginarios. Munari crea, imagina, tiene un gran sentido de lo quimérico, y se hace eco del nonsense para crear un discurso conexo aunque humorístico. Indaga en la realidad a través de lo absurdo y lo descontextualizado. Es lo que ocurre en algunas escenas de Nella nebbia di Milano.



Esperando que este monográfico les haya sido útil y se pongan a disfrutar de los poquitos libros editados en castellano del maestro italiano, les dejo con un vídeo suyo, que bien merece una mirada.


martes, 14 de noviembre de 2017

Pingoneo felino


Parece que se ha terminado el pingoneo, o eso es lo que dicen los termómetros. La caída temprana del sol (¡Dichoso cambio de hora!) y las primeras heladas del año nos empujan a cobijarnos en nuestras madrigueras. Por fin a llegado el otoño, frío pero seco (Que llueva, que llueva, la virgen de la cueva...), para quitarnos las ganas de terrazas y tardeo. Es de noche y no hay un alma por la calle... ¡Un momento! ¿Nadie? Bueno sí, esos gatos de la plaza, que siempre están rondando. De banco en banco, sigilosos acechando, hurgando entre la basura, con los vecinos ronroneando...


Ya saben de mi animadversión por los felinos, sobre todo por los de pequeño tamaño (un puma o un guepardo son otra cosa). Mamíferos impredecibles, territoriales e independientes (N.B.: ¿Será que somos iguales? He ahí la razón de mis miedos). Pero como la LIJ manda, hay que hacer frente a los propios mecanismos censores y abrir este lugar de monstruos a dos álbumes sobre gatos bastante parecidos en argumento, bastante diferentes en otros aspectos. Concretamente son El gato en la noche del genial Dahlov Ipcar (autor, tanto de este título publicado en 1969, como de Me gustan los animales y El huevo maravilloso, recientemente rescatados por Silonia al castellano) y Archibaldo, Oliver, Valentín, Paco, Recesvinto de mi admirada Katie Harnett (SM).


Ambos títulos se basan en el frecuente deambular callejero al que nos acostumbran estos animales. Saltando de un lado a otro, golismeando por todos lados. Sustos, sorpresas y algún que otro bufido, de esta puerta a aquella ventana... Vamos, que ellos, aburrirse poco. Mientras que unos, como el de Dahlov Ipcar, prefieren la oscuridad de la noche para adentrarse en los misterios del mundo y los quehaceres de sus iguales (NOTA: Les recomiendo pasarse por estos apuntes sobre la oscuridad en los libros infantiles), otros son más diurnos, fíjense en el de la Harnett, igual de zascandil que el primero pero con preferencias más humanas.


Es precisamente la ambientación de estas dos historias las que las hace muy diferentes. Mientras que la primera tiene un tono más serio, curioso, expectante y trascendental, la segunda rebosa distensión y desenfado. No es lo mismo ser un gato solitario y deambular por los campos en flor, los sembrados y todos los tejados, que ser dicharachero y zalamero, y visitar a todo el vecindario para recibir a cambio cualquier tipo de agasajo.


En el plano artístico decir que el trabajo de Ipcar sobresale por la utilización del color, gracias al que realza los contrastes y los detalles que se le presuponen a una historia de ambientación nocturna donde los contraluces y las siluetas dicen mucho, tánto que en ocasiones roza el libro informativo. Además, si prestamos atención a sus líneas sencillas y cargadas de expresividad, la narración adquiere un carácter emocionante, sobrio y sólido. Por contra, el trabajo de Harnett pertenece a una esfera más luminosa y actual, donde los ocres y beiges aportan calidez y tranquilidad a una historia emotiva y coral en la que el protagonista podría considerarse un vínculo metafórico sobre la amistad. Sus figuras desenfadadas, expresivas y con cierto aire a cómic, algo que se puede entrever en la composición de cada escena, también la hacen divertida y apta para todos los públicos.


No obstante y a pesar de las diferencias narrativas y artísticas que lucen estos dos libros, ambos se pueden adscribir a la esfera gatuna y sus peripecias, pertenezcan a quien pertenezcan y llámense como se llamen. Eso sí, ya saben que por mí, gatos, a sus ratones.


miércoles, 8 de noviembre de 2017

Magia, siempre magia...


A mis alumnos, los viajeros.

La lluvia golpea el paisaje que desaparece a nuestro paso. ¿Volvemos o nos vamos? Lo que sí tengo claro es que la magia existe. Por ahí está, sigue rondando...
Muchos hablan de fuegos artificiales, efectos especiales, trucos y hasta artes visuales, pero no, la magia se respira, se escucha, se siente en el aire. En el soplo fresco de la mañana, en los juegos nocturnos, en las estrellas, incluso en una rodilla dislocada. Quizá también sean los que no están, los que no han venido. También tienen que ver con la magia aquellos que te envían mensajes de humo desde el horizonte lejano. Instantes necesarios, persistentes, también los que se esfuman con la rapidez del rayo. Las tormentas matinales, el aroma a leña recién cortada, el sonido de la madera crepitando, las esquilas de las ovejas y el eco de los valles. Vi un poco de magia en aquellos perros pastores, también en el brillo del acebo, en los colores del otoño, en mitad de aquella iglesia en cuyos parterres brotaban la ruda, la melisa y las caléndulas... Me encontré tu voz tranquila, ese dulce sosiego que enmarcaba tu sonrisa. Aquello también fue magia.


No sé a ustedes pero a este monstruo le encanta buscar lo mágico. Así es la magia, aparece de un chispazo, en el momento más inesperado. Se esconde, como las setas entre la dorada hojarasca. Busca un lugar cálido bajo las rocas, un refugio en la niebla callada, en el sotobosque de las hayas. Levante esa piedra y he ahí la magia. Escurra el rocío del musgo, recójalo en su mano, y con un gesto leve, déjelo caer, despacio. Germinará la semilla diminuta. Se enroscará en los dedos mientras se curvan nuestros labios. Trepará, nos cubrirá con su follaje. Vigorosa y con sigilo se abrirá camino en nuestros corazones como un terco abrazo.


Que sobreviva depende de nosotros, también el que se acabe. Es por eso que los monstruos llenaron los cuentos de magia, para que no se apagaran sus brasas. La escondieron entre brujas y magos, elfos y enanos. Adentro de las casas, en pozos profundos y bosques impenetrables. También en zurrones, escobas, bastones, espejos, alfombras, sombreros y anillos, cientos de anillos. Como el que protagoniza la historia que nos traen Peter Svetina y Damijan Stepančič gracias a la editorial eslovena Manlic. El anillo mágico tiene ese hechizo, el que une a las personas, que hace a unas partícipes de la vida de otras, y que, sin comerlo ni beberlo, tiene un poder especial y sobrenatural. Es la historia de otras historias, de otros objetos y lugares, gracias a los que aparecen nuevos amigos y hogares encantados.
Sí, la magia existe. Adentro de un anillo. En la luz tenue sobre las cumbres. Sobre las alas de un viaje.


martes, 7 de noviembre de 2017

Decrecer vs. crecer


Se podrían calificar como ¿interesantes? ¿vacuas? ¿estultas? ¿prácticas? las conversaciones que acontecen tras la cortina de cualquier probador. Que si se me sale esta lorza por aquí, que si esto lo arreglo yo con un dobladillo, que si te lo pones con una pajarita va a ganar mucho, que si la vecina de mi abuela tiene otro igual... Todo para concluir que no te sienta bien ninguno de los tropecientos trapos con los que has cargado mientras la dependienta te miraba con cara de pocos amigos. Un clásico... No me extraña que al salir del zulo te entren ganas de arrastrarte hasta el escaparate y arrancarle una pierna o prenderle fuego al maniquí de turno , por mentiroso y miserable. Y conforme sales de la tienda, si te salta el Instagram y constatas que nunca formarás parte de su club de chulazs/as, tienes dos opciones, o ahogar las penas en algún brebaje inmisericorde, o poner a rebosar el frutero de ansiolíticos y otros opiáceos... Me decanto por la primera, no sea que con la segunda me vea como los de Funny Games (la de Haneke, que el remake americano me da mucho por culo).


Llego a casa y antes de abrirme la primera cerveza, me topo con un libro de Blackie Books encima de la mesa. Ilustrado por Edward Gorey... Florence Parry Heide: una flor parece que empieza a brotar en mi interior (espero que no sea una nauseabunda Rafflesia arnoldii).... Bonita edición... Parece que el día no va a terminar mal... Tomo asiento: libro, tercio y abridor en mano. El primer trago es el que mejor sienta. Mientras empino el codo (no mucho, que luego hay que ponerse a corregir), empiezo a leer este Tristán encoge, un clásico con prólogo de David Trueba (que no le falta sarao en el que meter el cuezo). Parece que el niño encoge y nadie le hace ni puto caso. Cosas de niños dicen los mayores. ¡Qué asco de mayores!, dice el mengajo. Pero la cosa sigue y la criatura reduce más su tamaño.... Me sonrío y me acuerdo del probador. En mi caso los que iban mermando eran los cinco pares de pantalones. La madre que los parió...


Sigo con la cerveza, con el libro. Parece que la cosa se va animando y el protagonista sufre agobiado. ¿Seguirá su progresivo decrecimiento? ¿Desaparecerá por fin?... Y, con el último rayo de luz que cruza la tarde, me acuerdo del mundo al revés, de lo paradójicos que somos los humanos. Unos se quejan de que encogen y otros de que crecen desmedidos. Los flacos quieren ser gordos y los gordos, flacos. Rubios que preferirían haber nacido morenos y negros a quienes gustaría ser blancos.
Lo mejor de todo viene cuando este niño pasa de los adultos (¡Atajo de inútiles!) y coge las riendas de su vida con una mano. Ataja el problema con lógica y todo se resuelve de un plumazo. Aunque me quedo con una duda, ¿acaso no sería mejor encoger? Vista la falta de atención e ineptitud de los mayores, preferiría ser invisible..., y sobre todo, que te quepan los pantalones.


lunes, 6 de noviembre de 2017

Tatuados hasta el higadillo


Aunque lo del tatuaje me parezca una moda infumable para mi superficie corporal (eso de lo permanente me da cierto pavor, sobre todo en una persona tan mutable como un servidor que, como no es río, se vuelve cuando quiere...), sí puedo entenderlo en otras personas. Aprecio su belleza, sobre todo desde el punto de vista estético y artístico. Hay tatuajes que son verdaderas genialidades, más teniendo en cuenta la gran evolución de las técnicas para tatuar en las últimas décadas. Pero indaguemos un poquito más sobre el tatuaje...
Existen pruebas de la práctica del tatuaje que datan de hace más de cinco mil años (en la piel del llamado “Hombre de Hielo” o “Momia de Ötztal” se han encontrado varios tatus), y también sabemos que egipcios, griegos, romanos, algunos precolombinos, polinesios y nipones también los lucían.


Las funciones del tatuaje han sido diferentes dependiendo de cada cultura. Mientras que los hallados en la piel del “Hombre de Hielo” se sospecha que tienen función terapéutica, los de las mujeres egipcias se consideran talismanes con poderes mágicos, y que los griegos y romanos los utilizaban para señalar a delincuentes y presidiarios, es en las culturas orientales y nativas americanas y polinesias donde el tatuaje adquiere calidad de ornamento corporal con fuerte sentido simbólico, que gracias a los marinos ingleses se extiende a todo el mundo occidental y los amantes de estos adornos.


El “tátau” (en samoano), “tattoo” (inglés), “tatouage” (francés), o “irezumi” (en japonés, ¡Ojo! ¡Sólo para aquellas creaciones con marcado carácter tradicional!), consiste en insertar tinta bajo la epidermis. Esto impide que, a pesar de la constante renovación del epitelio pluriestratificado que la forma, quede alojada de manera permanente en la piel, que debido a su transparencia permite ver los motivos dibujados con esta. Dependiendo de las funciones que la epidermis tenga en cada parte del cuerpo, unos motivos se verán más nítidos que otros (en la palma de las manos y la planta de los pies la tasa de renovación del epitelio es mucho superior que la del resto del cuerpo por lo que no malgasten su dinero tatuándose el nombre de su madre esas zonas). Si además tenemos en cuenta que nuestra piel forma parte de un organismo vivo formado por células, cabe esperar que la forma de un tatuaje se modifique, mute a lo largo de los años, bien por las características de la propia piel (mayor o menos cantidad de elastina y colágeno), bien porque la tinta sea capaz de difundir en el medio intra y extracelular.


Como todos los productos de consumo, el tatuaje, sus formas y variantes se ha diversificado a lo largo de estos años, y cada tatuador se adscribe a una escuela o estilo determinado. Los principales estilos son la Old School, New Traditional, Dotwork, Stencil, Brush, Black and Grey, los ornamentales o los realistas, pero teniendo en cuenta que el arte es ilimitado aunque la técnica tenga sus limitaciones, todo depende de los tatuadores, sus ideas y su buen (o mal, de todo hay) hacer.


Y entre anclas, carpas koi, samurais, alas, acuarelas, dragones, frases celebres en latín, griego o arameo, figuras aladas, anillos, calaveras mexicanas y otros motivos muy repetidos sobre tobillos, hombros, pecho, pescuezos, biceps y pubis del personal, aquí les dejo con el Papa tatuado de Daniel Nesquens y MágicoMora, un álbum ilustrado de la editorial A Buen Paso que ya va por su segunda edición. En este libro de vis moderna y estética un tanto vintage (el trabajo preciosista del ilustrador le viene al pelo) se nos traslada a un mundo que cabalga entre la realidad y la ficción, valiéndose de cuentos contemporáneos que toman como hilo conductor los tatuajes de un padre que no tiene ningún problema en contarle a su hijo la historia de cada uno de esos momentos que ha ido ¿coleccionando? Puede que sí, puede que no, el caso es que, impresos sobre su piel, ya empiezan a cobrar forma. Sólo falta insuflarles algo de vida, algo que siempre consigue el aliento mágico de un padre.


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